Me dirigía al trabajo, esta semana me tocaba turno de noche…Tendría
que estar hasta las 1 de la madrugada recogiendo y entregado pedidos.
Cuando llegué estuve toda mi jornada trabajando, 8 horas
nocturnas diarias por 5
libras la hora. Seguía viviendo en casa de mi madre, así
que quería este trabajo para independizarme.
-Aquí tienes.
-Gracias.
-Que vuelva pronto. –Sonreí.
Había sonreído como 1000 veces en estas 8 horas; sin
exagerar. Mi jefe decía que los clientes comerían mejor con una sonrisa antes.
Y claro, eso es una tontería, pero…Es mi jefe, él manda.
Me quité la gorra con el logo de McDonalds, la dejé en el
mostrador y esperé a que toda la poca gente que había se fuera, para cerrar el
lugar. Miré el reloj y eran las 1:30am, otra vez perdería el autobús. Corrí
todo lo posible para llegar a tiempo…pero cuando llegué a la parada, se acababa
de ir. ¿Por qué todo me pasaba a mí? Mi casa estaba como a 30 minutos de allí,
en coche. Y andando como dos horas. ¿Qué iba a hacer? Todo era carretera…Empecé
a andar, hacía mucho frío allí. Llevaba dos minutos andando cuando noté una
fría mano tocando mi hombro al descubierto.
Me giré para ver su rostro, pero no lo reconocí. Era un
chico rubio, ojos azules, sudadera gris y pantalones holgados.
Segundos después apresuré mis pasos, haciéndolos más
rápidos, pero me alcanzó de nuevo agarrándome por la espalda.
-¿Te conozco? –Le pregunté fríamente.
-No. Pero podrías.
No entendía al chico, ¿qué quería decir con eso?
-Soy Niall. –Me tendió la mano, y yo se la tendí también.
-Yo Andrea.
Me miró a los ojos fríamente.
-Adiós. –Me deshice de su agarre y empecé a andar recto.
-¿Te llevo? –Me preguntó en la misma posición en la que
había quedado antes.
-No, puedo ir yo.
-Pero…Vives lejos, ¿estás segura?
-Hmmm, ¿cómo lo sabes?
Me guiñó un ojo, y me abrió la puerta delantera del coche.
Asentí, y me subí.
-Vivo en..
-Shh, sé dónde vives.
Niall metió las llaves, y pronto ya estábamos en la
carretera.
Estaba confundida, ¿cómo lo podía saber? No había visto a
ese chico en mi vida.
Miré otra vez al chico, y dejó una sonrisa en sus labios.
¿Podría conocer mi madre a este chico?
No paraba de mirarme y sonreír.
Al fín llegamos, las luces de mi casa estaban encendidas.
-¿Te acompaño?
-¿A-a dónde?
-A tu casa.
Me dió una sonrisa pícara.
No contesté.
-Bueno, al menos, ¿me das tú número?
-¿Número? Ah…bueno.
Se lo dí, y esperé a que se fuera para entrar a casa, pero
no se movía, ni el coche ni él.
De todas formas, abrí con llave y mi madre estaba
esperandome.
-Andrea, tengo que decirte una cosa.
Parecía contenta.
END FIRST CHAPTER.

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